24.6.09

Un día digno de recordar.

Un día digno de recordar.

Hola. Me llamo Wally. Tengo 19 años, estoy comprometida con un hermoso chico, y hoy voy a narrarles, del mejor modo posible, uno de los mejores días de mi vida.
Me desperté, me levanté y fui a la bañera para luego ir a la universidad. Entonces, al llegar al lavabo, abrí los ojos y vi a Kike lavándose la cara. Lo abracé por la espalda y le di los buenos días. Se volteó y me dio un beso en la boca. Luego se rió y me dijo: “mejor lávate la boca antes.” Me reí y le di un manotazo a su pecho desnudo. Me metí a la bañera con la pasta de dientes y el cepillo de dientes. Me quité el babydoll y las panties, se los arrojé a la cara. Me reí y cerré la puerta de la bañera. Abrí las llaves y me lavé los dientes. Kike se metió unos minutos después, y comenzó a enjabonarme la espalda. Me retorcí en cosquillas y me volteé para abrazarlo. Me dijo que tuviera cuidado si quería mantener mi propia regla (ser virgen hasta el matrimonio). Le dije que no importaba, mientras lo apretaba un poco más, pero él me separó con un “¡hey!”, y se salió para secarse. Después salí yo. Le pedí una toalla, me la dio y me envolvió en la misma. Medio me vestí y medio me vistió. Después de desayunarnos una taza de helado, nos lavamos los dientes y salimos al estacionamiento. Lanzamos una moneda para decidir quién manejaría, como es de costumbre, y después de unos cuantos discursos sobre la gravedad, tiempo y cosas inventadas, manejé yo. Aunque estoy casi segura que Kike ya sabía que le tocaba a él. Llegamos a la universidad y nos despedimos con un beso. Fuimos a nuestros respectivos salones. Entre clases platicaba con mis amigos. Una rubia de cabello chino, un poco más baja que yo, de ojos verdes que se llamaba Alicia. Estaba eternamente enamorada de un chico desaliñado de nombre Rubén. Otra de cabello lacio negro, un poco morena llamada Alejandra, ella era más bien irresponsable a más no poder. A veces llegaba un amigo gay llamado Ricardo, estaba un poco pasado de peso. Tenía a su novio, llamado Ricardo Manuel. Elegante, de buena figura y bastante serio.
Terminó el día, no pasó nada muy interesante. Alicia se topó con Rubén, quien le dijo hola, a lo que ella contestó con un ruido raro y huyó; Ricardo pisó mis lentes. Tendría que comprar unos nuevos.
Al final del día, anunciaron que habría una gran barata en el edificio junto a la universidad. Sólo para los alumnos. Nos dieron cupones para toda la tienda con un 20% de descuento y, además, darían un descuento del 50% en toda la tienda por ser 14 de febrero… 14 de febrero, ¡14 de febrero!, se me olvidó por completo. No le había comprado nada a Kike… Busqué mi auto, pero recordé que Kike se lo había llevado para comprar la comida. Así que quise ir en camión a comprarle algo, pero mi dinero se encontraba en el auto, así que volví. Les pedí a mis amigos algunos cupones que ellos no usarían. Terminé con 4 cupones de 20% de descuento. Con el 50% normal, sólo vendría pagando un 5% del costo original. Corrí a la tienda, busqué por todas partes el área de juguetes, peluches, ropa de hombre, o algo. Pero no encontré nada. Me compré una lámpara de buró y unos zapatos. Entre los dos, eran $900, de los que sólo pagué $4.50.
No sé cuántos cupones haya conseguido Kike, pero en cuanto encontré el área “San Valentín”, entré y me recibió con un gran abrazo y un beso. Me regaló varios peluches y uno en especial que me dio con los brazos extendidos hacia mí, con su mirada más inocente y su sonrisa más linda. Su cabello negro que le llegaba hasta los hombros enmarcaba ese hermoso rostro de niño, y esa barba azuleada con esa cara era una mezcla perfecta. Me fundí en sus ojos y acaricié su cabello. Él acarició el mío y me dio un beso profundo. Lento, pero profundo. Luego me reclamó porque “no me había gustado su regalo”. Le dije que me había encantado. Con una gran sonrisa se fue con sus mil peluches a pagar. Terminé comprándole un peluche rojo en forma de corazón, lápices, plumas y una sábana. Luego regresamos a la habitación de San Valentín y vimos una cama matrimonial con una colcha roja y varias almohadas en forma de corazón. Nos sentamos en ella y nos hundimos. No era de agua, pero era bastante suave. Nos gustó, y fuimos a preguntar si estaba a la venta. Al final la compramos para mi apartamento. Con todos los descuentos, no gasté más de 100 pesos. Fuimos a casa de Mónica a comer, nos acompañaron Giss, María, Nahomi, Juan Manuel, Kristel y su novio, Rubén; Bryan con Ferny; Luis Daniel con Karen y Elihú con Frinê. Bromeamos sobre cómo dejamos en bancarrota a la tienda con esos descuentos, y sobre algunos recuerdos de la secundaria y bachillerato.
Dieron las 7 de la noche. Kike y yo nos despedimos para ir al departamento.
-“Te vas a quedar hoy, ¿verdad?”- le pregunté mientras acariciaba sus manos.
-“No. Mi mamá me quiere en la casa hoy. Ya he pasado aquí los últimos 3 días.”
-“¿Y?, ya pronto nos casaremos.”
-“Hasta enero. Bueno, hoy puedo llegar tarde a la casa.”
Refunfuñé un poco. –“Está bien”- me crucé de brazos. “Trae el helado.”
Me quité la blusa y el brassiere, quedando sólo en falda. Me recosté en la cama y Kike, con una sonrisa pícara en la cara, me dijo:
-“¿Cómo es que alguien como tú puede comer helado todos los días y tener esa figura?”
Le sonreí y le lancé una almohada. –“¡Achú!”
Se rió. Se quitó la playera y se lanzó a la cama. Se apartó el cabello hacia atrás y me embarró un poco de helado en el cuello. –“Uhm… Tienes algo.”- Comenzó a lamer el helado y yo prendí la tele.
-“Pero qué manera de romper los momentos, eh.”- Me mordió suave el cuello. Apagué la tele y me reí. Comimos helado y platicamos un rato. Me preguntó si algún día me despintaría las puntas (mi cabello era largo, hasta media espalda. Cortado en, al menos, 8 capas. La más larga, estaba teñida de rojo. Simulaba luces en el cabello, y las puntas eran todas rojas.).
-“Ya te dije, crecerá. Con el tiempo, después de despuntarme unas 20 veces, ya no habrá rojo.”- Sonreímos, meció la cabeza con los ojos cerrados, y luego me besó. Puse el bote de helado en el buró, que ya tenía varias marcas de vasos y unas cuantas del mismo bote.
-“Nunca aprenderás a usar un portavasos, ¿cierto?”-
-“No”-
Nos abrazamos y nos besamos un rato debajo de las sábanas. Luego de un rato, nos soltamos y prendió el televisor.
Me acurruqué en su pecho. –“Quédate al menos hasta que me duerma. Antes de irte, toma el…--”- Bostecé. –“El bote de helado, ponlo en el congelador. Por favor.”
Le di un beso. Comenzó a cantar en voz baja “Lips of an Angel”, mientras me acariciaba el cabello. No faltó mucho para quedarme dormida.


© Wally Rebecca Díaz Méndez. 24 de Junio de 2009.